Arquitectura Mexicana Contemporánea y Moderna

El siglo XX puso a México, por primera vez en su historia, ante la posibilidad de ser contemporáneo de las naciones que decidían la orientación de la arquitectura en el mundo. Las primeras obras mexicanas de los novecientos son herederas en sus formas del pasado, aunque sean ya, muy avanzadas técnicamente hablando: el Palacio Postal, el Palacio de Comunicaciones, el nuevo Teatro Nacional y el frustrado Palacio Legislativo. Todas ellas fueron proyectadas por extranjeros, únicos capacitados para abordar su gran complejidad. Tienen estructura de acero y concreto, así como modernas instalaciones hidráulicas y eléctricas, ascensores y teléfonos. Su mismo lenguaje historicista no era percibido en aquella época como anticuado, sino como moderno.

La Arquitectura Mexicana contemporánea se caracteriza por un conjunto de facciones modernistas como lo es la plástica lineal de los volúmenes, los grandes ventanales longitudinales o el funcionalismo extremado. Nacida en la segunda mitad del siglo XX, se diferencia de todo tipo de Arquitectura existente puesto que utilizando referencias del movimiento moderno no hace uso de típico lenguaje neocolonial y californiano de las ciudades que lo circundan. El muralismo y el funcionalismo  son algunas de las principales tendencias de esta arquitectura. Con sus planteamientos racionalistas y antiacademicistas

En el siglo XX  la arquitectura Mexicana empieza a tener una identidad propia.

Al principio todo era una copia de grandes arquitectos, pero poco a poco los arquitectos Mexicanos de esta época empezaron a crear su estilo propio, como Luis Barragán, Mario Panni, etc…

Luís Barragán: Nació en 1902 en Guadalajara, Jalisco. Fue uno de los arquitectos más importantes del siglo XX y el único mexicano en obtener el Premio Pritzker, en 1980. Su gran influencia sobre la modernidad mexicana aún es vigente, por lo que maestros de todo el mundo continúan estudiando su obra. Su trabajo combina el misticismo religioso con sus deseos de rescatar las raíces nacionales, exaltando la belleza al integrarla con la naturaleza.

Con esta filosofía creó construcciones masivas, de muros muy gruesos y aberturas pequeñas, siempre utilizando texturas locales y colores brillantes, utilizando cuerpos de agua y enfatizando los jardines.

Mario Pani: nació en 1911 en la Ciudad de México, dejando un sello inconfundible en las innovaciones arquitectónicas del siglo XX. Su gran inventiva y convicción le lograron un lugar indiscutible en la historia del país, construyendo el primer multifamiliar y la primera ciudad satélite de México. Pani estudió en Italia y Francia, concluyendo la carrera de arquitectura en la Escuela Nacional de Bellas Artes de París.

Fue fundador del Colegio de Arquitectos de México y la Revista Arquitectura, la cual se publicó durante más de cuarenta años con una gran influencia en la arquitectura mexicana del siglo XX. Es el autor de gran parte de la fisonomía de la Ciudad de México, construyendo la Ciudad Universitaria de la UNAM, el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco y el Conservatorio Nacional de Música.

Abraham Zabludovsky: nació en 1924 en la Ciudad de México y se graduó de la Escuela Nacional de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México. Su extensa labor profesional en México y el extranjero abarcan más de 200 obras, caracterizadas por atender los rasgos del lugar en un lenguaje que revalora las tradiciones mexicanas con patios y pórticos que integran a la estructura con el espacio urbano.

Juan O’Gorman: nació en la Ciudad de México en 1905. Hijo de padre irlandés y madre mexicana, se graduó de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional de México. Se apegó a una filosofía de socialismo progresivo que reflejaba en sus construcciones, produciendo los primeros ejemplos de arquitectura funcionalista en el país. Posteriormente, desencantado por el funcionalismo, temporalmente abandonó la arquitectura para dedicarse a la pintura mural.


 
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